CINCO POEMAS DE EXISTENCIAL
La poesía de Ángel Jesús Martín González nace de veinticinco años conviviendo con el dolor y transformándolo en sustancia que sensibiliza. Existencial documenta ese tránsito desde la alienación hasta la aceptación serena de la muerte, pasando por refugios contemplativos donde el alma respira. Estos cinco poemas representan la arquitectura emocional del poemario: el silencio como necesidad vital, la búsqueda de paz en medio del ruido humano, el testimonio del dolor ajeno, la transformación del sufrimiento en compasión, y la preparación para el tránsito final sin miedo.
SILENCIOS
Silencios que en calma espero
Tan sólo, sonidos del aire suave y del mar quiero
Silencios que mi alma pequeña quiere y que por ellos muere
Silencios que duermen a la luna en noche de escarcha
Y que, a mi niña, en su cuna, la arropan suaves y ella cae rendida
en sus sábanas de encaje
EXISTENCIAL
A menudo pienso que éste no es mi mundo
Quizás en tarde de tormentas caí aquí por casualidad
Gorriones se acercan a mí y me hacen pensar
Hablo con gentes que no entienden palabras que yo quiero expresar
me interrumpen, alzan la voz y yo, sin contestar
ruidos de este mundo que no puedo soportar
mundo de ruidos a destiempo
¿Es este el mundo que deseo tener?
Tan solo con el viento y el mar, mi alma se siente en paz
Tan solo con sonrisas de niños y ver aves volar, mi corazón en paz está
Escuchar música en silencio, mi mejor alimento
Notas de piano que ahora siento
Guerras sin sentido que yo no comprendo
Y me consuelo con las estrellas que en el cielo están
Y por las mañanas, el sol me haga despertar
Y escuchar los pájaros que ansían cantar
Y entonces, caminar por valles donde flores de colores me cobijen,
sentarme y meditar.
CONVENTO
Silencio tras los muros de piedra
puro recogimiento
Almas entregadas al Dios que habito
Almas puras, su sed no se agota al pensar en el Divino
Cantos y rezos en la mañana que el cielo acoge
para llevarlos al infinito
Pureza del fuerte sacrificio
Pureza del amor que ellas, a los demás entregan
Muros anchos de piedras viejas en el antiguo convento
cobijan almas blancas en sus estancias
Paz interior desprenden, que hasta las estrellas llegan
Almas que no necesitan, que no exigen,
que por ti rezan y nada piden
Olor a silencio en los patios del convento
DOLOR
Sé que me elegiste para que con mi dolor
transmitiese a los demás amor y compasión
El dolor es ya para mí, la savia que alimenta mi corazón
Ríos de lágrimas de tristeza fluyeron durante años por mi interior
Tanto dolor, físico y emocional que me llevaron
al más allá, y que me hicieron temblar
Entonces sentí la paz y sabiduría de tu ser
que guiaron mi camino
Recorrí senderos con altos precipicios
donde tu luz me guio y acompañó sin conocer el destino
Tú sabes bien qué es el dolor y me enseñaste que
hace grande el corazón
Caminos de espinas, noches frías y oscuras
que contigo de azul se ilumina
DEJARON DE CAER
Esas hojas dejaron de caer
un día, al amanecer
Se las llevó el viento al jardín
de los recuerdos
Mi corazón se partió en dos y
mis lágrimas bañaron ese dolor
Hojas al caer, música
para mi ser
Frío viento recorre ahora mi alma
que ni la leña logra calentarla
Dejaron de caer y con ellas
mi alma se fue
Ángel Jesús Martín González
Existencial
Editorial Poesía eres tú, 2025







