Las estelas funerarias medievales de Bosnia (stećci) contienen voces que atraviesan siglos. Mak Dizdar dedicó su vida a descifrar esas inscripciones erosionadas y a convertirlas en poesía que habla desde la piedra. Los cinco poemas que aquí se presentan son portales hacia ese universo pétreo donde los muertos no callan, donde la memoria es materia que resiste el olvido, donde cada epitafio es profecía. Son voces de soldados caídos, madres sin nombre, canteros anónimos que tallaron su testimonio en caliza blanca antes de que los imperios los sepultaran. Leerlos es caminar por una necrópolis medieval donde cada tumba te obliga a detenerte, a mirar tus propias manos, a confrontar tu propia mortalidad. Son poemas que no consuelan sino que diagnostican; que no prometen redención sino permanencia material; que no elevan el espíritu sino que lo petrifican para que resista la erosión del tiempo.
EL ESCRITO SOBRE EL TIEMPO
Hace mucho que me he tumbado
Y mucho tengo que
Yacer
Hace mucho
Que la hierba cubre mis huesos
Hace mucho
Que los gusanos comen mi carne
Hace mucho
Que he adquirido mil nombres
Hace mucho
Que he olvidado mi nombre
Hace mucho que me he tumbado
Y mucho tengo que
Yacer.
LAS MANOS
Por la piedra viva llevaba las dos manos
Como dos insignias
Ahora esas manos están embarazadas
Y viven en el corazón de piedra
EL LAGARTO
Habría que volver a aprenderlo de nuevo
A escuchar al lagarto caer y caer
Habría que dejar de ser de piedra
Y pasar por la puerta de la ciudad sin mirar hacia atrás
Habría que reencontrar
las sendas perdidas entre aquella hierba azul
Habría que en la abundancia de plantas
abrazar a las amapolas y hormigas en pánico
Habría que volver a lavarse la cara
Y soñar en las claras gotas del rocío en el amanecer
Habría que desmayarse
Entre los cabellos oscuros de hierba
Habría que pararse un rato
Con nuestro sol y crecer junto a nuestra sombra
Habría que unirse por fin
Con el corazón propio huido hace mucho
Habría que dejar de ser de piedra
Y pasar por la puerta de la ciudad sin mirar hacia atrás
Habría que querer
Y velar toda la noche
Y escuchar al lagarto caer y caer
LOS CAMINOS
Tú has decidido que yo no existiera y por cualquier precio
Avanzas hacia mí. Y en un asalto
Riendo y llorando
Ante ti mismo
Lo limpias todo
Y destruyes
Tú has decidido aniquilarme por cualquier precio
Y de ninguna manera encuentras
El camino verdadero
Hasta mí
Porque
Desconoces las sendas grabadas y comprobadas
y ni unos ni otros
sin importar cuanto son
para ti orgulloso y fuerte
incluso difíciles
Tú conoces solamente aquellos senderos
Que pasan
Desde el corazón
Y
El ojo
Y eso no es todo
Tú no conoces los cruces de caminos
De entre la luz
Y
La oscuridad
Y eso no es todo
Porque más desconoces en la vida es que
Las más duras son las luchas
Y las guerras verdaderas
Dentro del mismo
Ser humano
No sabes que eres mi menor mal
De entre mis numerosos
Males
Grandes
No sabes
Con quién
Estás tratando
Tú has decidido aniquilarme por cualquier precio
Pero no hay manera de que encuentres el verdadero camino
Que te lleve a mí
Te entiendo:
Eres un ser humano limitado por el tiempo y el espacio
Y vives aquí y ahora
Y no conoces el ilimitado espacio
Del tiempo
Donde me encuentro
Presente
Desde lo lejano ayer
Hasta el lejano porvenir
Pensando
En ti
Pero eso no es todo.
LA MUERTE
La tierra está sembrada con la semilla de la muerte
Y la muerte no es el fin porque la muerte no existe
Y la muerte no existe porque es una senda alumbrada de asunción que sube de nido a nido.
Mak Dizdar (1917-1971)De El Durmiente Pétreo
(Kameni spavač, 1966)Traducción de Dragan BećirovićEdiciones Rilke, 2026







